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Depredadores de conciencia
“La porción del universo a la que tenemos acceso es el campo de operaciones de dos formas radicalmente diferentes de conciencia. Una a la que pertenecen las plantas y los animales, incluso el hombre, es una conciencia blanquecina, joven, generadora de energía. La otra es una conciencia infinitamente más vieja y parasitaria, poseedora de una cantidad inmensa de conocimientos.

“Además de los hombres y otros seres que habitan esta tierra hay en el universo una inmensa gama de entidades inorgánicas. Están presentes entre nosotros y en ciertas ocasiones se nos hacen visibles. Les llamamos fantasmas o apariciones. Una de esas especies, que los videntes describen como enormes bultos voladores de color negro, llegó en algún momento de la profundidad del cosmos y encontró un oasis de conciencia en nuestro mundo. Ellos se han especializado en ‘ordeñarnos’.”

“Nunca te has preguntado el por qué de los altibajos energéticos y emocionales de la gente? Es el predador que viene periódicamente a recoger su cuota de conciencia. Sólo dejan suficiente para que sigamos viviendo, y a veces ni para eso.”

“No nos ‘comen’ literalmente, lo que hacen es una transferencia vibratoria. La conciencia es energía y ellos pueden alinearse con nosotros. Como por naturaleza están siempre hambrientos, y nosotros, por el contrario, exudamos luz, el resultado de ese alineamiento solo puede ser descrito como depredación energética.”

“En un plano cósmico, la energía es la moneda más fuerte y todos la quieren, y nosotros somos una raza vital, repleta de alimento. Cada cosa viva come a otra, y siempre el más poderoso sale ganando. ¿Quién dijo que el hombre está en la cúspide de la cadena alimenticia? Esa visión sólo pudo ocurrírsele a un ser humano. Para estos seres, nosotros somos la presa”

Le comenté que se me hacía inconcebible que entidades más concientes que nosotros llegasen a ese grado de rapiña.

“Pero, ¿qué crees que haces tú cuando te comes una lechuga? O un bistec? ¡Estás comiendo vida! Tu sensibilidad es hipócrita. Los depredadores cósmicos no son ni más ni menos crueles que nosotros. Cuando una raza más fuerte consume a otra inferior, está ayudando a que su energía evolucione.”

“Ya te he dicho que en el universo sólo hay guerra. Los enfrentamientos de los hombres son solo un reflejo de lo que pasa ahí fuera. Es normal que una especie intente consumir a otra; lo propio sería no la mentarse por ello y procurar sobrevivir.”

“¿Y cómo nos consumen?”

“A través de nuestras emociones, debidamente encauzadas por el parloteo interior. Han diseñado el entorno social de tal forma, que estamos disparando oleadas de emociones que son inmediatamente absorbidas. Sobre todo, les gustan los ataques del ego; para ellos, ése es un bocado exquisito. Tales emociones son iguales en cualquier lugar del universo donde se presenten, y ellos han aprendido a metabolizarlas.

“Algunos nos consumen por la lujuria, la ira o el temor; otros prefieren sentimientos más delicados, como el amor o la ternura. Pero todos están interesados en lo mismo. Lo normal es que nos ataquen por la zona de la cabeza, el corazón o el vientre, allí donde guardamos el grueso de nuestra energía.”

“Atacan también a los animales?”

“Esos seres usan todo lo que esté disponible, pero prefieren la conciencia organizada. Drenan a los animales y las plantas en la medida de su atención, que no es demasiado fija. Atacan inclusive a otros seres inorgánicos, sólo que aquellos sí los ven y los esquivan, como nosotros esquivamos a los mosquitos. El único que cae completito en su trampa es el hombre.”

“¿Cómo es posible que todo eso esté ocurriendo sin que nos demos cuenta?”

“Porque heredamos el intercambio con esos seres casi como una condición genética, y a estas alturas nos parece algo natural. Cuando nace la criatura, la madre la ofrece como comida, sin darse cuenta, pues la mente de ella también esta dominada. Al bautizarla esta firmando un convenio. A partir de ahí, se esfuerza por inculcarle modales de conducta aceptables, la doma, cercena su lado natural y la convierte en una mansa oveja.

“Cuando un niño sale suficientemente energético para rechazar esa imposición, se vuelve un rebelde o un desajustado social.

“La ventaja de estos seres radica en la diferencia entre nuestros niveles de conciencia. Ellos son entidades muy poderosas y vastas; la idea que tenemos de ellos es equivalente a la que tiene una hormiga de nosotros.

“Sin embargo, su presencia es dolorosa y se puede medir de diversas maneras. Por ejemplo, cuando nos provocan ataques de racionalidad o desconfianza, o nos sentimos tentados a violar nuestras propias decisiones. Los locos pueden detectarlos muy fácilmente – demasiado, diría yo -, ya que sienten físicamente cómo estos seres se posan sobre sus hombros, generando paranoias. El suicidio es su sello, pues su mente es homicida potencial.”

“Dices que se trata de un intercambio; pero, ¿qué ganamos nosotros con semejante despojo?”

“A cambio de nuestra energía nos han dado la mente, los apegos y el ego. Para ellos, no somos sus esclavos, sino una especie de obreros asalariados. Privilegiaron a una raza primitiva y le dieron el don de pensar, lo cual nos hizo evolucionar; más aún, nos ha civilizado. De no ser por ellos, aun estaríamos escondidos en cuevas o haciendo nidos en las copas de los árboles.

“Nos dominan a través de nuestras tradiciones y costumbres. Son los amos de las religiones, los creadores de la Historia. Podemos escuchar su voz en la radio y leer sus ideas en los periódicos. Manejan los medios de información y nuestros sistemas de creencia. Su estrategia es magnífica. Por ejemplo, hubo un hombre honesto que habló de amor y libertad; ellos lo han convertido en autocompasión y servilismo. Lo hacen con todos, incluso con los naguales. Por eso el trabajo de un brujo es solitario.

“Durante milenios, estos seres han urdido planes para colectivizarnos. Hubo una época en que se hicieron tan descarados, que hasta se mostraron en público y las gentes los representaron en piedra. Eran tiempos oscuros, pululaban por doquier. Pero ahora su estrategia se ha hecho tan inteligente que ni sabemos que existen. En el pasado nos enganchaban por la credulidad, hoy, por el materialismo. Ellos son responsables de que las aspiración del hombre actual sea no tener que pensar por sí mismo; ¡observa no más cuánto tiempo aguanta alguien en silencio!”

“¿Por qué ese cambio en su estrategia?”

“Por que, en este momento, ellos están corriendo un gran riesgo. La humanidad está en un contacto muy rápido y cualquiera puede informarse. O nos llenan la cabeza, bombardeándonos día y noche con todo tipo de sugestiones, o habrá algunos que se den cuenta y avisen a los demás.”

“¿Que ocurriría si lográsemos repeler a esas entidades?

“En una semana recuperaríamos nuestra vitalidad y estaríamos brillando de nuevo. Pero, como seres humanos normales, no podemos plantearnos esa posibilidad, porque ello implicaría ir en contra de todo lo que es socialmente aceptable. Afortunadamente, tenemos un arma: la disciplina.

“El encuentro con estos seres es gradual. Al principio no los notamos. Pero, un aprendiz comienza a verlos en su ensueño y luego en su vigilia – algo que puede enloquecerle si no aprende a actuar como un guerrero. Después que se da cuenta, puede confrontarlos.

“Los brujos manipulan la mente foránea haciéndose cazadores de energía. Con ese fin se ha creado la tensegridad, que tiene la virtud de liberarnos de la mente de estos seres.

“En ese sentido el brujo es un oportunista. Aprovecha el empujón que le dieron y dice a sus captores: ‘¡Gracias por todo, ahí nos vemos! El acuerdo que ustedes hicieron fue con mis antepasados, no conmigo’.

“Nuestra ventaja es que somos prescindibles, ¡hay mucha comida por ahí! Una posición de alerta total, que no es otra cosa que disciplina, crea condiciones tales en nuestra atención, que dejamos de ser sabrosos para esos seres. En tal caso dan media vuelta y nos dejan tranquilos.”


Reflexiones en torno a un "nagual de tres puntas"

Desde temprana edad, la tendencia reflexiva de mi carácter me llevó a buscar una explicación sobre quién soy y cuál era mi propósito en la vida. Basado en este interés, en cierta ocasión un compañero de estudios me informó que Carlos Castaneda iba a dar una plática privada en casa de un amigo suyo, y que yo podía venir si quería. Me quedé encantado con la invitación, pues hacía tiempo que esperaba una oportunidad así.

Castaneda era un famoso antropólogo, autor de varios libros sobre la cultura de los antiguos brujos mexicanos. En ellos cuenta que, siendo aún estudiante en la Universidad de California, fue hacer trabajo de campo entre los indios yaquis, al norte de México, a fin de aprender sobre las plantas medicinales que ellos utilizaban.

En uno de sus viajes se encontró con un viejo yerbero que tenía fama de hechicero, quien se le presentó como Juan Matus. Con el paso del tiempo, el anciano lo tomó como aprendiz y le introdujo en una dimensión totalmente desconocida para el hombre moderno: la sabiduría tradicional de los antiguos videntes toltecas, comúnmente conocida como “brujería” o “nagualismo”.

En una docena de libros, Carlos relata una relación de maestro y aprendiz que duró trece años. En ese tiempo, fue sometido a un arduo entrenamiento que le llevó a corroborar personalmente los fundamentos de esa extraña cultura. Las experiencias adquiridas durante su aprendizaje terminaron haciendo que el joven antropólogo sucumbiese ante la fascinación del conocimiento y fuese absorbido por el sistema de creencias que estudiaba. Este desenlace le alejó bastante de sus metas originales.

“Nagualismo” era el nombre que daban los brujos del México prehispánico a su sistema de creencias. De acuerdo con la historia, aquellos hombres estaban profundamente interesados en su relación con el universo, a tal grado, que se dieron a la tarea de investigar los límites de la percepción a través del uso de plantas alucinógenas que les permitían cambiar los niveles de conciencia. Después de practicar durante generaciones, algunos de ellos aprendieron a “ver”, es decir, a percibir el mundo, no como una interpretación, sino como un flujo constante de energía.

El nagualismo consiste en un conjunto de técnicas diseñadas para alterar la percepción cotidiana, produciendo fenómenos psíquicos y físicos de extraordinario interés. Por ejemplo, la tradición mexicana afirma que un nagual es capaz de transformarse en un animal, pues ha aprendido a soñarse a sí mismo en una forma diferente a la de un ser humano. Detrás de esta creencia popular está el hecho de que los brujos exploran su subconsciente con el propósito de arrojar luz sobre aquel ámbito desconocido de nuestro ser.

El nagualismo fue durante miles de años una práctica socialmente aceptada, tal como entre nosotros lo es la religión o la ciencia. Con el tiempo, sus postulados ganaron en abstracción y síntesis, convirtiéndose en una especie de propuesta filosófica cuyos practicantes llevaron el nombre de toltecas.

Los toltecas no eran lo que comúnmente entendemos por brujos, es decir, individuos que usan fuerzas sobrenaturales para dañar a otros, sino hombres y mujeres extremadamente disciplinados e interesados en complejos aspectos del estar conscientes.

En sus libros, Carlos se esforzó con mucho talento por adaptar el conocimiento de los naguales a nuestro tiempo, sacándolo del ambiente rural y haciéndolo accesible a personas con formación occidental. A partir de las enseñanzas de don Juan, él definió las premisas del camino del guerrero o el camino de la conducta impecable, consistentes en control, disciplina y esfuerzo sostenido. Una vez interiorizados, estos principios llevan al practicante a otras técnicas más complejas, cuyo objeto es percibir el mundo de una manera nueva.

Logrado esto, el estudiante está en posición de moverse por el ámbito de los sueños en forma voluntaria y conciente, tal como lo hace en su vida cotidiana. Esta técnica se complementa con lo que don Juan denominó “el arte de acechar” o el arte de conocerse a sí mismo, y con un ejercicio diario llamado “recapitulación”, porque consiste en repasar los eventos de nuestra historia personal para encontrar su trama oculta.

Tanto el ensueño como la recapitulación hacen posible la creación del “doble” energético, una entidad prácticamente indestructible, capaz de actuar por cuenta propia.

Uno de los descubrimientos más relevantes de los videntes toltecas, fue que los seres humanos poseemos una configuración luminosa o campo energético en torno a nuestro cuerpo físico. También Vieron que unos pocos venían con una configuración especial dividida en dos partes. A estos les llamaron naguales, es decir, “personas duplicadas”. Por su particular conformación, el nagual tiene mayores recursos que el común de las gentes. También vieron que, a causa de su doblez y excepcional energía, son líderes naturales.

A partir de estos descubrimientos, fue inevitable que los videntes se estableciesen según los mandatos de la energía, organizando grupos armónicos cuyos participantes se complementaban entre sí. Los guerreros de estos grupos estaban comprometidos con la búsqueda de nuevos niveles de conciencia. Con el tiempo, comenzaron a darse cuenta de que, detrás de sus prácticas y formas de organización, había una regla impersonal.

En este sentido, la regla es la descripción del diseño y los medios por los cuales pueden unirse las diversas conformaciones luminosas de la especie humana, a fin de integrar un solo organismo denominado “la partida del nagual”. La meta de estos grupos es la libertad total, la evolución de la conciencia al punto de poder viajar por el océano de la energía cósmica, percibiendo todo lo que nos es accesible.

Existe una sección especial de la regla que describe cómo se entrelazan las diversas generaciones de guerreros formando linajes, y cómo los linajes se renuevan cada cierto tiempo.

A Carlos le tocó vivir una de esas etapas de renovación. Sin embargo, él mismo no entendió lo que esto significaba, hasta que recibió un mensaje que le orientó hacia la divulgación de la enseñanza.

Cuando yo lo conocí, todavía él tenía una gran reserva para con el público y trataba de mantenerse distanciado de la gente. Nuestra relación fue principalmente a través de pláticas que daba a pequeños grupos y conversaciones en privado.

El me exigió que pasase inadvertido frente a los demás a fin de mantener bajo control mi historia personal. Tiempo después, me confesó que esa medida poseía un sentido más profundo, pues yo tenía un compromiso con el espíritu y debía ejecutar mi tarea cuatro años después de su partida.

Cuando le pregunté la razón de ese requisito, me dijo que él sabía que su obra iba a ser obstruida por detractores, que tratarían de frustrar el plan diseñado por don Juan para una revolución de la conciencia. Mi función sería dar un testimonio del mensaje que recibí.

EL AUGURIO

En cierta ocasión, después de dar una plática en el salón privado de un restaurante, donde nos invitó a todos a comer, Carlos me pidió que lo acompañara a otro sitio. Minutos más tarde, ambos partimos, dejando a los demás invitados en una animada charla.

En nuestro camino tuvimos que atravesar una gran avenida. Adelantándome al tráfico de los autos, yo corrí hacia una isleta triangular en medio de la vía, creyendo que Carlos me seguiría. Pero cuando llegue ahí, me percaté de que él se había quedado esperando del otro lado.

Entonces ocurrió algo imprevisto; una magnífica racha de viento se abalanzó por la avenida, tan fuerte, que tuve de agarrarme de un poste metálico que servia como señal para los automovilistas. Antes de que pudiese protegerme, una nube de polvo se introdujo en mis ojos y garganta, haciéndome toser y dejándome momentáneamente ciego.

Cuando me recuperé, Carlos estaba a mi lado, mirándome con el rostro radiante de alegría. Palmeó mi espalda e hizo un comentario muy extraño:

“¡Ya sé qué hacer contigo!”

Le miré interrogativamente, y me explicó:

“Ese era el mismo viento, anda detrás de ti.”

Sus palabras me hicieron recordar el momento en que lo conocí, cuando una turbonada otoñal nos había obligado a cerrar precipitadamente las ventanas de la sala donde le esperábamos un grupo de amigos.

“En aquella ocasión tú lo viste como un viento fuerte, pero yo supe que era el espíritu dando vueltas sobre tu cabeza. Fue una señal, y ahora sé con qué propósito te señaló.”

Le pedí que me explicase su enigmática afirmación, pero su respuesta fue más oscura todavía:

“Soy heredero de cierta información. Es un aspecto de la enseñanza que me atañe tan profundamente, que yo mismo no puedo explicarlo a los demás. Debe ser dicho a través de un mensajero. Hace un rato, mientras observaba cómo el espíritu te zarandeaba al borde de la avenida, supe que ese mensajero eres tú.”

Insistí por que me revelase algo más, pero él me dijo que ese no era ni el momento ni el lugar adecuado.

QUÉ ES LA REGLA

Tiempo después, mientras caminábamos por la Alameda, casi llegando al Palacio de Bellas Artes, me hizo señas para que nos sentáramos en una banca milagrosamente libre, a un costado de la plaza. Era una banca de hierro forjado. Su ubicación, justo frente a la puerta principal de una antigua iglesia construida con bloques de lava roja y negra, tuvo la virtud de bloquear levemente mi diálogo interno, transportándome a un oasis de serenidad en medio del bullicio de los autos y la gente que pasaba.

Por lo visto, Carlos había previsto ese impacto con una función didáctica. Comentó que esta era la banca favorita de don Juan, lo cual me conmovió mucho. Frotándose las manos, aseguró que era tiempo de ir al grano.

“¿Sabes qué cosa es la regla?” – me preguntó.

Aunque yo había leído algo al respecto en uno de sus libros, no había entendido gran cosa, por lo que denegué con la cabeza.

Él continuó:

"Ese es el nombre que dan los videntes a la guía de una partida de brujos, una especie de carta de navegación o muestrario de los deberes del guerrero dentro de su grupo de prácticas.

“Después de comprobar exhaustivamente su presencia, los brujos del antiguo México llegaron a la conclusión de que, así como todos los seres vivos poseemos un patrón biológico definido que nos permite reproducirnos y evolucionar, también tenemos un patrón energético responsable de nuestro desarrollo como seres luminosos.

“La regla es la matriz de la cual extraen su energía los moldes de las especies. Puedes entenderla como el plan evolutivo de cada ser viviente, no sólo de la tierra, sino de cualquier rincón del universo donde haya conciencia. Nadie puede desligarse de ella. Lo más que podemos es ignorar que existe, en cuyo caso no pasaremos de ser lo que somos: masa viva al servicio de un propósito que no comprendemos.

"Dicho en términos de brujos, la regla es el esquema de los comandos del águila, una ecuación que correlaciona la efectividad de las acciones con el ahorro de la energía. En el ámbito de lo práctico, tal combinación no puede producir otra cosa que un guerrero.

“La regla es completa en sí misma y cubre todas las facetas del camino del guerrero. Describe cómo se crea y se nutre una partida de naguales, de qué manera se conectan las generaciones para conformar un linaje y les orienta hacia la libertad. Pero, a fin de usarla como llave al poder, uno tiene que verificarla por sí mismo."

“¿Cómo se puede verificar?”

“La regla es auto-evidente para el brujo que ve. Para un principiante como tú, el mejor modo de atestiguar su funcionamiento consiste en detectar su intrusión en el transcurso de tu vida."

EL ORIGEN DE LA REGLA

Le pregunté cómo llegó el hombre a ponerse en contacto con esa matriz.

Me respondió:

“Siempre ha existido. Sin embargo, los videntes son sus descubridores y guardianes.

“La regla es el origen del orden universal. Su funcionamiento y finalidad son desconocidos, no porque no se sepan, sino porque no se comprenden. Centenares de generaciones de brujos dieron sus vidas en el empeño por dilucidarla y por desarrollar propuestas prácticas para cada una de sus unidades conceptuales.

“Al principio, ningún hombre se propuso tener un vislumbre de esa estructura, porque nadie sabía que estaba ahí. A medida que los videntes del México antiguo trabaron contacto con otras entidades conscientes de esta tierra, mucho más viejas y experimentadas que ellos, fueron adquiriendo porciones de la regla. Un día vieron que todas esas porciones encajaban entre sí como un rompecabezas. Ese día descubrieron lo que llaman ‘el mapa' y comenzó el linaje de los antiguos videntes.

“A través de su ver, ellos verificaron cada porción relativa a los ensoñadores. Probaron todas las combinaciones, determinando sus efectos sobre la conciencia. Organizaron los ejercicios del ensueño en siete niveles de profundidad y penetraron hasta los vericuetos más íntimos del universo. Poco a poco, desarrollaron el diseño de la partida, una estructura en forma de pirámide extremadamente estable y capaz de expresar con transparencia los designios del poder.

“Pero hubo algo que los antiguos no verificaron: la regla para los acechadores. Conocieron el acecho como una posibilidad latente que en la práctica no valía la pena explorar.”

“¿Por qué?”

“Porque, en una época en que ser brujo era estar en la cúspide de la escala social, el acecho como arte no tenía objeto. Hubiera sido una mala inversión. Pero, cuando cambió la modalidad de la época, ese razonamiento llevó a los antiguos casi al borde de la extinción.

“No fue sino hasta la aparición de los toltecas cuando la otra gran porción de la regla reveló su extraordinario contenido. Sólo sobrevivieron los linajes que fueron capaces de aplicarla; el resto se disolvió, se perdió en el torbellino que significó la caída del régimen de los antiguos videntes. La incorporación del acecho determinó el nacimiento de los nuevos videntes. Con ellos, la regla del nagual quedó completamente dilucidada.”

“¿Cuándo ocurrió eso?”

“El período de los nuevos videntes comenzó hace unos cinco mil años y alcanzó su apogeo en los tiempos de Tula. A través del acecho, el aporte fundamental de aquellos guerreros a la brujería fue la noción de la ‘impecabilidad'.”

UN ORGANISMO IMPERSONAL

“El objetivo de la regla del nagual es generar partidas, es decir, organismos auto-conscientes capaces de volar por esa inmensidad de ahí afuera. Tales organismos se componen por la suma de un grupo de guerreros que han armonizado sus intentos individuales. La finalidad de ese diseño es perpetuar una dimensión no humana de la conciencia."

"¿No humana?"

"Así es. Una dimensión en la que la personalidad ya no es la meta.

“Los seres humanos somos incapaces de entrar y permanecer largo tiempo dentro de la conciencia cósmica, el estado al que don Juan llamaba ‘la tercera atención'. O salimos de allí y olvidamos, o nos quedamos y nos fundimos con ese insondable mar. Pero el poder que nos rige ha encontrado el modo de soslayar tal limitación, creando organismos en los cuales las entidades individuales funcionamos al modo de miembros.

“En el seno de esos organismos se genera un tipo radicalmente nuevo de atención, un intento orientado a explorar lo desconocido y a investigar en equipo lo que no se puede conocer. Los sentimientos de individualidad ya no son el centro de su darse cuenta, pues quedan sustituidos por algo mucho más intenso: la vivencia dentro del todo, un estado energético que ningún hombre común puede siquiera concebir. Ahí no hay rutinas, no hay ego, no hay ignorancia, no hay interpretación. Ese tipo de organismo es sólo una etapa en el camino infinito de la conciencia, pero, para nosotros como seres humanos, esa etapa es final.”

Le pregunté cómo opera la conciencia de una partida.

Me puso una analogía tomada del cuerpo físico.“Aunque de un modo nebuloso, cada una de nuestras células está conciente de su unidad y, dentro de ciertos límites, puede actuar con independencia. Sin embargo, su intento individual está subordinado a un propósito superior, que es formar el conjunto al que llamamos "yo".

“Cuando el increíble logro de darse cuenta del propósito global llega a sernos patente, entonces atisbamos una línea evolutiva superior. Percibimos la posibilidad de integrarnos con nuestros recíprocos energéticos en una forma de vida cuyos propósitos distan tanto de las preocupaciones del mundo cotidiano, como la conciencia que tiene una célula de nuestra totalidad. Los nuevos videntes llaman a esa formación ‘la partida del nagual'.”

“¿Qué son los recíprocos energéticos?”

“Seres humanos que poseen características luminosas que se complementan.

“La energía es recurrente, genera patrones que todos compartimos. En términos generales, puede decirse que hay cuatro matrices luminosas básicas con doce variantes, sintetizadas por el hombre y la mujer nagual. En la medida en que un tonal se acerca al ideal luminoso de su clase, manifiesta un grado de conciencia superior.

“Cuando los modelos ideales se encuentran, tienden a combinarse. Los sentimientos de atracción entre los seres humanos pueden explicarse como resultado de la fusión de sus moldes energéticos. Lo normal es que tal fusión sea parcial, pero a veces ocurre una repentina e inexplicable oleada de simpatía; un vidente diría que ha tenido lugar un acto de reciprocidad energética.

"Los guerreros de una partida se combinan de modo tal, que su relación produce óptimos resultados en el sentido de ganar y acumular poder.

“Es difícil dar con cuerpos luminosos característicos que estén disponibles para la tarea del nagual; lo ordinario es encontrar tonales deformados por la vida mundana. Pero, cuando un nagual consigue integrar a su partida, la energía de sus guerreros se fusiona. Ellos sacrifican su individualidad por una meta superior, y el retornar a su anterior aislamiento ya no es posible, sólo les produciría la muerte. Puede decirse que una partida no está formada por individualidades, sino que es un solo organismo vivo, de alcances que ya no son humanos.”


LA FORMACIÓN DE UNA PARTIDA

“¿Qué conciencia tiene cada miembro del objetivo de la partida?”

“Plena conciencia. Cada uno de ellos conoce las historias de poder pertinentes a su especialidad y sabe que su función es parte de un propósito que le trasciende.

“La relación entre la regla y la partida es a través de tareas. Por ejemplo, cuando las guerreras de un grupo reciben el comando de rastrear energía en el espacio hasta dar con posibles candidatos para una nueva generación de brujos, se concentran en esa tarea como su avenida a la libertad. No les interesa otra cosa. Cuando se resquebraja la disciplina de ese intento, el resultado puede ser caótico.”

Me puso un ejemplo del efecto de un interés personal deslizado dentro de la tarea del brujo.

"Poco después de comenzar mi aprendizaje, y aunque nadie me pidió que lo hiciera, yo me brindé para ayudar a don Juan a constituir la nueva partida.

Cada vez que una chica hermosa me prestaba atención, veía en ella a mi recíproco energético y trataba de 'vendérsela' a don Juan elogiando sus cualidades.

“Al principio, los guerreros lo tomaron a broma. Pero, poco a poco se fueron encabronando, y un día en que llevaba a mi nueva 'mujer nagual' para presentársela, ya no los encontré, todos se habían cambiado de casa. Sentirme sólo me ayudó a recuperar la sobriedad.

“La partida es un ser autoconciente que nos supera ampliamente. Participar en su intento es algo tan excepcional, que en cuanto un aprendiz vislumbra su totalidad, su posición de ego simplemente se derrite. Eso no implica que automáticamente se vuelva impecable; aun debe esforzarse durante años para templar su carácter y extirpar su importancia personal así como la obsesión por el poder.

“Sólo el hombre y la mujer nagual tienen una visión total del funcionamiento de la partida. Siguiendo la analogía, te diría que ellos son sus células nerviosas, las unidades que comandan el proceso de perpetuación. Los demás integrantes sirven de apoyo y llevan a cabo las tareas concretas de reduplicación del grupo.

“El trabajo del nagual es agotador. Él tiene que dominar las artes del acecho y del ensueño a la perfección, tiene que aprender a ver y desarrollar al máximo su capacidad de manipulación, y tiene que poner un ejemplo de sobriedad a fin de mantener la cohesión del grupo. Si se deja llevar por sus emociones, el resultado es la desintegración.”

Le pregunté por qué.

“Porque la partida es un organismo de masa crítica. Si cualquiera de sus componentes se desvía del objetivo, la disfunción resultante provoca un colapso y hay que recomenzarlo todo. Es por eso que el nagual está obligado a exigir de sus guerreros que den el máximo de sí y a disponer las tareas de manera que todos participen con optimismo y confianza. El aceite de la partida es la impecabilidad de sus miembros, y su combustible, el anhelo de la libertad total.”

EL ORDEN DE LA PARTIDA

“¿Cuántos guerreros integran un grupo?”

“El orden normal de una partida es cuatripartita, ya que la regla tiene forma de pirámide. La formación y el crecimiento se realizan de acuerdo con esa estructura básica. Como en las pirámides, la arquitectura del grupo se compone de una base con cuatro puntas, integradas cada una de ellas por tres guerreros: una ensoñadora, una acechadora y un ayudante masculino. Las puntas se conectan entre sí a través de mensajeros y por encima de todos está la pareja de naguales.

“La regla se manifiesta a un hombre o una mujer doble mediante una visión y ellos tienen que aceptarla para ser considerados naguales. A partir de esa aceptación, los naguales van juntando poco a poco a sus guerreros, siguiendo siempre las señales del espíritu. Su capacidad de conducir es natural e indisputable, porque ellos, al ser dobles, reflejan a cada uno de los tipos de su partida.

“Se puede definir a los naguales como un hombre y una mujer de extraordinaria energía involucrados en un acto de fecundación de un alcance infinitamente más elevado que todo cuanto conoce el ser humano. Mientras permanecen juntos, ellos suelen presentarse frente a la sociedad como marido y mujer.

“La facultad del hombre nagual es usar las palabras más adecuadas para decir las cosas con precisión, claridad intelectual, fluidez y belleza. Entre los videntes del linaje al que pertenecía el grupo de don Juan, el augurio para ocupar este puesto era estar muriendo. Todos sus líderes, exceptuándome a mí, fueron encontrados en tales condiciones.”

“¿Por qué tu caso fue diferente?”

“Porque, hablando con propiedad, yo soy un nagual excedente. No vine a continuar el linaje, sino a sellarlo”.

“¿Y cuál es la regla para la mujer nagual?”

“La naguala es la luz que orienta todo el esfuerzo, la verdadera madre. Lo normal es que ella parta antes que el grupo y se mantenga fluctuando entre la primera y la segunda atención, visitando a los aprendices en el ensueño.

Funciona como un faro y, en caso de necesidad, puede retornar de la segunda atención para sembrar una nueva generación de videntes.

“Por su parte, las guerreras son de dos bandos, acechadoras y ensoñadoras. Tienen dos tipos de funciones: servir como portales y como guardianes. Los portales pertenecen al rumbo del Sur, son el colador o filtro por donde pasan los aprendices. Determinan si un guerrero se queda o se va y tienen la mayor ingerencia en la forma de disponer a los miembros del equipo. Además, ellas son las convocadoras en las reuniones de poder.

“Los guardianes son una especie de versión externa de los portales; hay uno blanco y uno negro. Se les ha encargado vigilar por el buen funcionamiento del grupo, lo cual significa que están alertas ante posibles ataques desde el exterior y también están prestos a resolver los problemas internos. Entre los nuevos videntes, todas estas funciones están a cargo de las mujeres.”

"¿Por qué es así?"

"Porque las mujeres tienen mayor movilidad y más energía que los hombres.

Casi todo el universo es de naturaleza femenina, y los equipos de brujas viajan por allí como si estuviesen en su propia casa. Esa capacidad de circular sin interferencias por la energía oscura las convierte en la batería del grupo.

“En cambio, nosotros los hombres somos detectados enseguida, porque nuestra energía es clara y se delata. Además, como no fuimos hechos para parir, no tenemos un órgano especializado para el ensueño. Exceptuando al nagual, los elementos masculinos no tienen mucho brillo dentro de una partida.

“Aun así, la regla establece que haya cuatro guerreros dedicados a organizar, explorar y comprender, para lo cual ellos fijan sus puntos de encaje en sitios muy específicos de la energía. Su presencia sirve para estabilizar al grupo, neutralizando las frecuentes explosiones de poder que protagonizan las guerreras. Si no fuera por ellos, la estructura se volatilizaría en cuanto las mujeres lograsen cierto grado de eficiencia. Así que los hombres funcionan como anclas; fijan al grupo hasta que se consigue un máximo de poder.

“Debido a su forma, don Juan llamaba a la partida ‘la organización de la serpiente'. Es un concepto que él heredó de los viejos videntes, por las manchas cuadradas que tiene la serpiente de cascabel sobre su piel.

Afirmaba que la cabeza del animal, con sus ojos fijos e hipnóticos, representa a la pareja nagual. El pecho corresponde a las guerreras ensoñadoras, cuya función es inhalar las visiones y distribuirlas por todo el grupo. El vientre, a las acechadoras, capaces de digerir cualquier situación concebible. La cola son los ayudantes, quienes están encargados de dar movilidad al conjunto. Es una disposición muy fluida.”

“¿Existen partidas que tengan otras formaciones?”

“En gran medida, los guerreros son el resultado de la manipulación implacable del nagual. Puedes comprender que, después de algunos años de esa constante presión, la forma de un grupo, e incluso el matiz luminoso que va tomando la energía de cada uno de sus componentes, se hacen muy específicos. Es por eso que existen tantos linajes de brujos. Pero todos tienen, básicamente, el tipo de partidas piramidales que te he descrito, ya que la experiencia ha demostrado que ésta es la fórmula más estable.”

EL PROPÓSITO DE LA REGLA

“¿Cuál es la finalidad de una partida?”

“Desde el punto de vista del águila, explorar, verificar y acrecentar la regla. Cada generación de guerreros debe dejar su huella, porque la regla es acumulativa. La herencia del linaje consiste en una serie de posiciones del punto de encaje, a la que las sucesivas partidas van agregando sus propias adquisiciones. Es normal que los linajes lleven un ‘diario' de incidentes donde los naguales apuntan sus descubrimientos.

“El interés básico de todo organismo es reproducirse. Por lo tanto, una forma de definirlo, sería decir que la regla es el esquema de un proceso reproductivo. Lo que busca es la perpetuación de la conciencia, algo que, a partir de cierto punto, no puede hacerse por cauces individuales. Los recursos que personalmente adquiere cada guerrero durante su entrenamiento, son logros secundarios.

“Desde el punto de vista de los brujos, el objeto de agruparse es forzar el paso a otro nivel de atención, ya que sin masa energética no hay vuelo.”

“¿Quieres decir que los guerreros solitarios no tienen posibilidades?”

“No. Lo que quiero decir es que una partida puede llegar más lejos.

“Imagínate que vives en una colonia de orugas gregarias en estado de metamorfosis. De repente, uno de los capullos hace eclosión y su morador se marcha en un momentáneo estallido de luz y color. La sensación que te queda es que aquella oruga desapareció. En cambio, para ella, su verdadera vida como mariposa habrá comenzado. Ahora bien, una oruga solitaria es más probable que termine en el estómago de un pájaro.

“Del mismo modo, el objetivo ulterior de los guerreros es el salto definitivo a la tercera atención, la liberación de toda forma de interpretación. La cantidad de energía que hace falta para esto sólo se puede lograr mediante un consenso especial de masa crítica, a fin de generar los acuerdos necesarios para compactar la energía.

“Sin embargo, como muchas partidas no consiguen llegar a su plenitud energética, los naguales han construido un oasis habitable dentro de la segunda atención, un enorme edificio de intento en algún punto alejado del ensueño, a donde van los videntes en solitario o en pequeños grupos. Yo le llamo ‘la cúpula del intento', porque tiene esa forma a la vista, pero don Juan prefería llamarle ‘el cementerio de los naguales'.”

“¿Por qué le llamaba así?”

“Porque quedarse a vivir en ese espacio implica la muerte literal del brujo. En un sentido nada alegórico, se trata de un cementerio. Aunque quienes eligen ese destino hayan logrado la expansión de la conciencia por un enorme periodo de tiempo, tendrán que prescindir de ella cuando llegue el momento.

“Así que, para muchos brujos, el objetivo inmediato de la partida suele ser la cúpula de los naguales, en la esperanza de poder usarla como un puerto de paso donde se acumulan provisiones para una gran expedición. Para llegar hasta allí no es necesario que todo el grupo parta de una vez. En ocasiones los guerreros eligen marchar de uno en uno. En ese caso, pueden retornar parcialmente, en tanto no se complete la totalidad de la estructura energética del grupo.

“Como comprenderás, los desafíos en que los guerreros se involucran durante su existencia humana son apenas el preludio; lo tremendo viene después. No me preguntes a qué se dedican mientras permanecen en aquel mundo, a ti te sonaría como un cuento de hadas. Lo importante es que todas sus actividades están regidas por la regla.”

Le comenté que, teniendo en cuenta el objeto de la partida, la regla podía interpretarse como el equivalente prehispánico de lo que otras culturas llamaron “leyes divinas”, es decir, un conjunto de normativas diseñadas para la salvación del hombre.

Me respondió:

“No es igual, porque no parte de un ser supremo. El mecanismo de la regla es impersonal, carece de bondad o compasión. No tiene más objetivo que su propia continuidad.

“Dejándose seducir por las analogías, los antiguos videntes cometieron el error de identificar a la regla con sus interpretaciones particulares, y terminaron adorándola y erigiendo templos en su honor. Los nuevos repudiaron todo eso. Al explorar el acecho, desempolvaron la esencia de la brujería y redescubrieron la meta de la libertad total, que no se parece en nada a las metas religiosas. Eso borró en ellos la fascinación por el molde humano, pero tuvo un efecto secundario que ya te he explicado: el desenfrenado entusiasmo de los antiguos fue sustituido por actitudes furtivas y de desconfianza.

“El efecto del acecho sobre las partidas terminó traicionando los móviles iniciales. Con el tiempo, el objetivo de la libertad total llegó a plantearse sólo en forma retórica. Casi todos los brujos del linaje de don Juan prefirieron el vuelo a la segunda atención. Exceptuando al nagual Julián Osorio, ninguno de ellos quiso privarse de la aventura y el éxtasis de visitar la cúpula de los naguales, construida de intento allá, en una de las estrellas de la constelación de Orión.”

LOS NAGUALES DE TRES PUNTAS

“La regla es final, pero su diseño y conformación están en constante evolución. Sólo que, a diferencia de lo que opinan los evolucionistas, quienes ven en las adaptaciones de la vida la acumulación de mutaciones genéticas al azar, los videntes saben que no hay casualidad en la regla. Ellos ven cómo un comando del águila, en forma de una onda de energía, sacude de cuando en cuando a los linajes de poder, produciendo nuevas etapas en la brujería.

“Un modo más exacto de referirlo, es suponiendo que todas las variantes posibles de la regla están contenidas en una matriz previa, y lo que va cambiando con el tiempo es el grado de conocimiento que tienen los brujos de esa totalidad y el énfasis que hacen sobre ciertas porciones. Tales períodos de cambio son cíclicos y están representados por el número tres.”

“¿Por qué tres?”

“Porque los antiguos toltecas asociaban al tres con el dinamismo y la renovación. Ellos descubrieron que las formaciones ternarias anuncian cambios inesperados.

“La regla ha dispuesto que, de cuando en cuando, aparezca en los linajes un tipo especial de naguales cuya energía no es cuatripartita, sino que tiene únicamente tres compartimientos. Los videntes les llaman ‘naguales de tres puntas'.”

Le pregunté en qué se diferenciaban estos de los otros.

Me respondió:

“Su energía es volátil, siempre están en movimiento, por eso les cuesta trabajo acumular poder. Desde el punto de vista del linaje, su composición es defectuosa, no llegan a ser verdaderos naguales. En compensación, carecen de la timidez y la reserva que caracterizan a los naguales clásicos, y poseen una capacidad inusitada para improvisar y comunicarse.

“Se puede decir que los naguales de tres puntas son como el pájaro cuco, que es incubado en el nido ajeno. Son oportunistas, pero necesarios. A diferencia de los naguales de cuatro puntas, cuya libertad es pasar inadvertidos, los de tres puntas son personalidades públicas. Divulgan los secretos y propician la fragmentación de las enseñanzas, pero sin ellos los linajes de poder se habrían extinguido hace mucho tiempo.

"Entre los nuevos videntes, la regla es que un nagual deje como descendencia una nueva partida. Algunos, por sus enormes excedentes energéticos, son capaces de ayudar a organizar una segunda o tercera generación de videntes. Por ejemplo, el nagual Elías Ulloa vivió lo suficiente como para crear la partida de su sucesor e influir sobre la siguiente. Pero ello no significó que el linaje se bifurcase; todos esos grupos formaron parte de la misma línea de transmisión.

"En cambio, el nagual de tres puntas está facultado para transmitir sus conocimientos en forma radial, lo cual conlleva a la diversificación de los linajes. Su huevo luminoso ejerce un efecto de disgregación sobre el grupo que rompe la estructura lineal de transmisión y fomenta en los guerreros un deseo de cambio y acción, y una disposición activa a involucrarse con sus semejantes.”

“¿Eso fue lo que pasó contigo?”

“Así es. Debido a mi disposición luminosa, yo no tengo reparos en dejar focos de conocimiento donde quiera que vaya. Sé que necesito de una enorme cantidad de energía para cumplir con mi tarea, y que sólo puedo obtenerla de la masividad. Por eso estoy dispuesto a difundir el conocimiento y a transformar y redefinir los paradigmas.”

LA PORCIÓN DE LA REGLA DEL NAGUAL DE TRES PUNTAS

“Como sabes, mi maestro entró en contacto con la regla para el nagual de tres puntas cuando trató de analizar ciertas anomalías dentro del nuevo grupo. Aparentemente, yo no sintonizaba con el resto de los aprendices. Entonces él me dedicó suficiente atención como para ver que yo enmascaraba mi configuración energética."

“¿Quieres decir que el ver de don Juan estaba equivocado?”

“¡Por supuesto que no! Lo que se confundió fue su mirar. Ver es la forma final de la percepción; allí no hay apariencias, así que no es posible engañarse. Sin embargo, debido a la presión que él ejerció sobre mí durante años, mi energía luchó por amoldarse a la suya. Eso es común entre los aprendices. Como él estaba dividido en cuatro compartimientos, yo también comencé a manifestar en mis acciones una carga energética similar.

“Cuando logré despegarme lo suficiente de su influencia (cosa que me tomó casi diez años de trabajo arduo), ambos descubrimos algo asombroso: mi luminosidad sólo tenía tres compartimientos; no correspondía a una persona común y corriente, que sólo tiene dos, pero tampoco a la de un nagual. Este descubrimiento creó una gran conmoción en el grupo de videntes, ya que todos presagiaron un cambio profundo para el linaje.

“Entonces don Juan recurrió a la tradición de sus antecesores y desempolvó un aspecto olvidado de la regla. Me dijo que la elección de un nagual de ningún modo puede considerarse como un capricho personal, ya que en todas las épocas es el espíritu el que escoge al sucesor de un linaje. Por lo tanto, mi anomalía energética era parte de un comando. Ante mis apremiantes preguntas, me aseguró que, a su debido tiempo, un mensajero me explicaría la función de mi presencia como nagual de tres puntas.

“Años más tarde, en una ocasión en que visitaba una de las salas del Museo Nacional de Antropología e Historia, observé a un indígena vestido a la usanza tarahumara que parecía tener el mayor interés por una de las piezas que allí se exhibían. Dándole vueltas, la examinaba por todos lados y demostraba una concentración tan absoluta, que mi curiosidad se despertó y me acerqué a mirar.

“Al divisarme, el hombre me dirigió la palabra y comenzó a explicarme el significado de un conjunto de dibujos esmeradamente esculpidos sobre la piedra. Después, mientras meditaba sobre lo que me había dicho, recordé la promesa de don Juan y me di cuenta de que aquel hombre había sido enviado por el espíritu para transmitirme la porción de la regla del nagual de tres puntas.”

“¿Y qué es lo que dice esa porción?”

“Afirma que, así como la partida tiene una matriz energética de número diecisiete (dos naguales, cuatro ensoñadoras, cuatro acechadoras, cuatro guerreros y tres correos), el linaje formado por una sucesión de partidas también tiene una estructura de poder, de número cincuenta y dos. El águila ordenó que cada cincuenta y dos generaciones de naguales de cuatro puntas aparezca un nagual de tres puntas que sirva de acción catártica para la propagación de nuevos linajes cuatripartita.

“También dice la regla que los naguales de tres puntas son destructores del orden establecido, pues su naturaleza no es creadora ni proveedora, y tienen la tendencia de esclavizar a todos los que les rodean. Añade que, de lograr la libertad, estos naguales deben de hacerlo solos, porque su energía no está entonada para guiar a grupos de guerreros.

“Como todo en el ámbito de la energía, el bloque de cincuenta y dos generaciones se divide en dos partes; las primeras veintiséis son de expansión y creación de nuevas líneas, las restantes están orientadas hacia la conservación y el aislamiento. Ese patrón de comportamiento se ha venido repitiendo milenio tras milenio, así que los brujos saben que es parte de la regla.

“Como resultado de las actividades de un nagual de tres puntas, el conocimiento se masifica y se forman nuevas células de naguales de cuatro puntas. A partir de ahí, los linajes retoman la tradición de transmitir la enseñanza en forma lineal.”

“¿Cada cuánto tiempo aparecen los naguales de tres puntas?”

“Aproximadamente una vez por milenio. Esa es la edad del linaje al que yo pertenezco.”

LA TAREA DE LOS VIDENTES ACTUALES

“Al verificar la regla del nagual de tres puntas, don Juan dedujo que inevitablemente se acercaba el tiempo de una nueva casta de guerreros, a los que yo he llamado los videntes modernos."

“¿Hay alguna peculiaridad en la composición luminosa de esos guerreros?”

“No. En todas las épocas el patrón energético del hombre ha sido muy homogéneo, así que la organización de la partida es la misma. Sin embargo, los guerreros actuales están experimentando en su luminosidad un corrimiento hacia el verde, lo cual significa que están recuperando características propias de los antiguos videntes. Esto es algo imprevisto, aunque de seguro está contemplado en la regla.

“La verdadera diferencia entre los videntes del pasado y los de ahora es de comportamiento. Actualmente no estamos sometidos a las mismas represiones de épocas anteriores y, por lo tanto, los brujos tienen menos restricciones. Esto claramente tiene una finalidad: la divulgación de la enseñanza.

“A mí me ha tocado vivir en un momento de renovación. Mi cometido es cerrar con llave de oro la línea del nagual Juan Matus y abrir posibilidades a quienes vengan después. Por eso he dicho que soy el último nagual de mi linaje, no en un sentido absoluto, sino en un sentido de cambio radical.”

En este punto, Carlos hizo un corte en su exposición y me recordó una plática que habíamos sostenido al principio de conocernos.

En aquel entonces yo le pedí que me contara historias de poder. Él me respondió que no podía negarse a mi solicitud, pero que entregarme esas historias sin antes encaminarme, habría sido trivializarlas.

“Espero que lo que has visto durante estos años colme tus expectativas. Hice lo que pude, teniendo en cuenta tus limitaciones y las mías. Sé que ya has comenzado a educar a tu doble de ensueños y eso garantiza que puedes seguir por ti mismo; tu doble no te dejará en paz hasta que llegues a tu totalidad. La parte teórica ha terminado y es tiempo de hacerte un último regalo."

El tono entre familiar y solemne con que Carlos me dijo estas palabras hizo que concentrase toda mi atención.

“La enseñanza final dice que la relación que contrae con el intento toda persona que se acerca al nagual ocupa su lugar, cualquiera que este sea, dentro del contexto total de la regla. Así que no estás solo, los brujos esperan algo de ti.”

“¿Qué cosa?” – le pregunté, un poco desconcertado.

Me explicó:

“Todo guerrero tiene una tarea. La tuya es que cumplas con lo que te encargó el espíritu; ése es tu camino al poder.”

“¿Y cuál es esa tarea?”

“Bueno, tu misión personal es algo que tu benefactor te comunicará algún día. Sin embargo, al entregarte la regla del nagual de tres puntas, yo estoy siguiendo una estrategia a largo plazo elaborada por don Juan y eso te compromete con el intento de mi maestro.

“Lo que se espera de ti es que digas a quienes te rodean: ‘¡Ustedes son libres, pueden volar por cuenta propia! Ya tienen la información necesaria, ¿qué más esperan? Actúen impecablemente y verán cómo la energía encuentra un modo de encauzarse'.

“Avisa a todos que, a partir de la culminación del linaje de don Juan, el conocimiento ha quedado abierto. Cada guerrero es responsable por sí mismo y puede proveerse de la oportunidad mínima, que es organizar su propia partida.”

Título: LA REGLA DEL NAGUAL DE TRES PUNTAS. COPYRIGHT 2002 por Armando Torres. Todos los derechos reservados. Impreso en México. Se autoriza su reproducción citando su fuente.







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La práctica del Zen

El verdadero Zen se practica sin motivación, sin finalidad, sin siquiera buscar el despertar (satori); hago referencia a la esencia Zen, a za-zen. El canto de los sutras, las ceremonias en los templos, son muy hermosos, pero ahí no está la esencia. No hay necesidad de ir a Japón para encontrar la auténtica enseñanza Zen. El verdadero Zen está aquí y ahora, en nuestro cuerpo y espíritu. Si la posición y respiración son adecuadas, el espíritu encuentra su condición natural.

En el canto de los sutras, la voz proviene del bajo vientre y no de la garganta, como en el canto occidental. Compaginar el aliento con el instante presente, todo se ajusta.

No hay nada que obtener, nada que esperar, no hay que buscar la verdad, no hay que huir de la ilusión. Únicamente estar presentes, aquí y ahora, en nuestro espíritu y nuestro cuerpo.

Aparece entonces la conciencia profunda y pura, universal e ilimitada.
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Budidades
Ver nuestra propia naturaleza es ver la naturaleza del vacío, es percibir que no existe nada para apegarnos. Es percibir que las cuatro formas descriptas en el Sutra Diamantino: la forma de uno mismo, la forma de los otros, las formas de vida, las formas de los seres vivientes, son todas vacías. Es percibir que los cuatro “conceptos” de eternidad, bendición, self o uno mismo y pureza, son erróneos.

Estos cuatro conceptos son apegos comunes de los seres vivientes comunes; ya sean practicantes o no. La gente desea creer en la inmortalidad, en un self permanente que continuará a través de la eternidad, en algún tipo de cielo o en otra vida. Ellos creen que tal estado será permanentemente bendito, pero ellos definen la bendición desde su propia experiencia, que es apegada. Creen que este estado, donde un self eterno, disfruta de una vida eterna bendita, será pura y no sufrirá más o no sentirá más aflicciones. De todas formas cuando la gente habla de pureza o impureza, es generalmente desde la perspectativa de la felicidad física en la región del deseo.

Mucha gente, incluyendo a los practicantes serios, se apega a estos cuatro conceptos equivocados y así no percibe realmente su verdadera naturaleza. Es un principio Mahayana fundamental que nada es permanente o absoluto. No hay un self permanente, no hay una bendición o pureza absolutas. Esto está dicho muy claramente en el Sutra del Corazón y en el Sutra Diamantino.

No hay distinciones entre la eternidad e impermanencia; nosotros mismos y los otros; felicidad y sufrimiento, pureza e impureza. Si usted en su práctica todavía está apegado a alguno de estos conceptos erróneos, entonces no ha experimentado realmente el Kensho, por lo menos el Kensho profundo.

Algunas personas pueden pensar que no hay tal cosa denominada “ver nuestra propia naturaleza” o que es imposible experimentar el Kensho. Es definitivamente posible experimentar el Kensho, pero depende del practicante y depende del maestro que lo guía. Si el maestro es muy exigente y frecuentemente desalienta a los practicantes diciéndoles que todavía no han entrado por el port[on del Chan, llegará un cierto momento que no tendrán más expectativas y no habrá má una urgencia en buscar la iluminación. Ellos sólo practicarán con diligencia. En esa situación, los practicantes podrán experimentar Kensho. Pero después de esta experiencia, entonces qué?

Cuando se experimenta Kensho no se ve nada ni se obtiene nada. Lo único que sucede es que uno nota que lo que veía en el pasado y lo que ve ahora es idénticamente igual, sólo que ahora no hay un ego envuelto. Si contamos con un buen maestro, con una pocas preguntas el discípulo puede determinar si la experiencia es genuina o falsa; si vio su verdadera naturaleza o no. Un maestro no muy evolucionado espiritualmente puede enganarse. En muchos casos esas experiencias no son genuinas. Más bien, ellas son respuestas psicológicas y fisiológicas que surgen durante la práctica. Debo subrayar que sólo un muy buen maestro puede determinar la validez de una experiencia.

Las aflicciones, no desaparecen después que Ud. experimenta el Kensho. Ellas continuan manifestándose como siempre. La diferencia reside en que después de una experiencia Kensho auténtica, usted estará más consciente de sus problemas. Ud. sabe cuando surgirán y cuando está sufriéndolas plenamente, conociendo claramente su situación. Es como si hubiera una persona separada vigilando constantemente, siempre alerta. La gente que no ha visto su verdadera naturaleza, frecuentemente se verá cubierta de problemas quejándose de su difícil situación.

La que ha visto su verdadera naturaleza no tendrá este problema. Estará consciente de las aflicciones que surjan y entonces ellas no lo dominarán. En este sentido, la persona que ha experimentado el Kensho es más controlada que la persona común.


¿Si uno no ha visto su naturaleza original, es imposible ver aparecer sus aflicciones y saber que uno está en medio de ellas, no?

No es lo mismo. La gente que no ha visto su naturaleza propia no está claramente consciente de sus problemas. Ellos pueden ser capaces de reconocer sus aflicciones más obvias, pero no las más sutiles. La gente que ha experimentado el Kensho reconoce cualquier cosa que envuelva el apego al self. Es una experiencia inmediata y directa. La que no lo ha experimentado puede reconocer grandes problemas pero a través de un proceso racional, no a través del proceso directo.

A veces la gente cree que ha visto su propia naturaleza. Puede guiar a otros en la práctica, creyendo que ahora son maestros, pero en sus propias vidas, continúan bebiendo alcohol, fumando, comiendo carne, haciendo tonterías, siendo orgullosos, etc.

Los otros pueden preguntarles: ¿Maestro, si Ud sabe que estos son hábitos malos, por qué continúa con ellos? ¿Por qué no cambia? El puede responder: Sí, son malos hábitos, pero estoy consciente de ellos, la mayoría no lo está. O sea que continúan bebiendo sorbos de licor y diciendo “Ah, este es un mal hábito,” fumando cigarrillos y diciendo “Ah, este es un mal hábito”; jugando mah-jong con hermosas compañeras y diciendo “más malos hábitos”. ¿Qué piensan ustedes? ¿Puede ser que ellos sepan algo que nosotros no sabemos?

La gente que realmente ha visto su propia naturaleza puede tener muchos deseos, pero antes que el deseo la domine, reconocerá lo que le está pasando y se examinará a sí misma. Algunas personas sienten que tienen tantas aflicciones después del Kensho como antes de la experiencia. Sienten que los resultados no son dignos de tanto esfuerzo. Estas personas no tienen la comprensión correcta del proceso. Ver nuestra propia naturaleza no necesariamente significa que eliminemos nuestros problemas. Esto sólo nos hace conscientes de ellos.

Ver dentro de nuestra propia naturaleza no necesariamente elimina nuestras aflicciones, sino solamente nos hace más conscientes de cuáles son ellas. Para dar una analogía, una persona busca una montaña; pero la montaña está escondida entre nubes y oscuridad. De repente el cielo se aclara y brilla y la montaña se hace visible. La persona está feliz porque ha divisado la montaña, pero está todavía lejos. Todavía hay mucho trabajo por hacer. Ver la montaña es como ver nuestra propia naturaleza. Algunas personas tienen éxito en ver la montaña sin mucha práctica, pero llegar al pico requiere un gran esfuerzo.

Mucha gente practica esfuerzadamente y nunca ve la montaña, sin saber qué está muy cerca, quizás en su parte más baja. Despu´se con un suave empujón o una guía leve, rápidamente podrá percibir que ya llegó. Esto es equivalente a una iluminación profunda. Es raro, pero demuestra que hay varios niveles de iluminación. Ver la montaña, aunque sea desde lejos es bueno. Estas personas practicarán con más convicción y fe. Entenderán cuáles son sus problemas y cómo es su ego. Su comprensión no vendrá de su intelecto sino de su percepción directa.

No hay una regla definida de cuánto tiempo hay que practicar antes de ver nuestra propia naturaleza y tampoco hay ninguna regla que indique cuánto puede durar esta experiencia. Si Ud. ha practicado durante un largo período, entonces los efectos podrán ser más duraderos; en el sentido de que las aflicciones no surgirán y la percepción del yo persistirá. Pero es posible que la experiencia y sus efectos puedan permanecer un leve período de tiempo, como un flash. En la analogía de la montaña más que nubes partiendo y el cielo aclarándose, sería como un rayo de luz revelando la montaña por un instante y después desapareciendo, dejando al viajante otra vez a oscuras.

Dependiendo de nuestro karma y de la fuerza de la práctica, las experiencias de iluminación pueden ser superficiales o profundas. ¿Cuál es la relación entre ver nuestra propia naturaleza y la iluminación? La primera experiencia de iluminación es llamada “ver nuestro self o sí mismo”, pero las siguientes experiencias no son descriptas de esta forma. Cada experiencia de iluminación es más profunda. Por esta razón, la secta Tsao-Tung describe cinco niveles diferentes de realización. La secta Lin-Chi (Rinzai, en japonés), durante la dinastía Ming hablaba de las “tres barreras de realización”. La primera barrera es equivalente a ver dentro de nuestra propia naturaleza por primera vez. La segunda barrera es llamada “barrera múltiple”.

En este nivel, se siente la experiencia de la iluminación una vez y otra, gradualmente eliminando nuestros problemas y revelando nuestra sabiduría. La experiencia del no-ego o no-yo permanece cada vez más.

La tercera barrera es llamada “la barrera prisión”. Es equivalente a la Iluminación Completa. Aquí se elimina la prisión del Samsara, trascendiendo el ciclo de nacimiento y muerte. Es como si todo hubiese desaparecido – el universo y el ego. Se dice que en este nivel ni aún el rey del submundo, quien es el que determina la vida y la muerte, nos puede encontrar. Si sentimientos de ego o apego vuelven, entonces no hay Iluminación Completa. Si todavía hay un ego, el rey del submundo nos encontrará.

No debe colocar demasiado énfasis en ver su propia naturaleza. No pierda tiempo fantaseando a respecto de “experiencias trascendentales”. Pero, por otro lado, no sea perezoso o apático en su práctica; ver dentro de nuestra propia naturaleza no es una tarea fácil. Sospeche del maestro que confirma una serie de las tan llamadas experiencias de Iluminación.

A veces un maestro da una confirmación falsa. Esto no sólo sucede hoy en día, sino que ya en la dinastía Ming sucedía frecuentemente. Desde ese tiempo, ha habido una frase – El sello hecho de melón de invierno. Esto significa que cuando un maestro confirma una experiencia de Iluminación, es como si diera un sello del Dharma. Un sello debe ser hecho de una pierdra dura o de jade; algo resistente. Pero un sello hecho de melón de invierno es por el contrario; nada duradero.

Afirmaciones inapropiadas reflejan la falta de agudeza y percepción de estos maestros. Hasta puede ser que ni ellos hayan percibido su propia naturaleza. O quizás ellos son practicantes mediocres que todavía tienen muchos problemas. Puede ser que sean codiciosos, que desean más discípulos así pueden aumentar su poder en la Comunidad Budista o también aumentar sus oportunidades de tener descendientes del Dharma. El apego afecta negativamente a muchos maestros, llevarádolos a confirmar experiencias que no son genuinas. Tales maestros están usando el sello del melón de invierno o peor aún el sello blando de tofu. Realmente, no es importante cuántos discípulos tiene un maestro.

Aún uno o dos devotos practicantes ya es suficiente. Si el maestro no tiene descendientes del Dharma, todo lo que significa es que su linaje terminará. No es un gran problema. Bodhidharma, el Primer Patriarca del Chan, sólo tuvo tres descendientes del Dharma. Uno de ellos fue el Segundo Patriarca (Hui-ke). Dos hombres y una mujer. En épocas pasadas los maestros que daban falsas confirmaciones fueron agudamente criticados. Eran llamados “generales” débiles (generales de ejército). Los generales fuertes protegen bien “el portón” o entrada (de una ciudad o región). No permite que personas ajenas “se escurran” a través de ellos.

No aceptan sobornos ni son fácilmente engañados. Solamente aquellos que son fuertes pueden pasar. Los generales débiles, por otro lado, no son firmes ni atentos. Las falsas confirmaciones no son buenas, especialmente para los practicantes que pueden encontrar difícil progresar si creen que ya han visto su propia naturaleza. Y pueden perder la fe en el Dharma de Buda si descubren que sus experiencias no fueron genuinas.


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Metodología Ontozen

Los objetivos son mejorar la calidad de vida del alumno empleando la Inteligencia Intrapersonal, que es la que nos permite entendernos a nosotros mismos.
La inteligencia intrapersonal consiste, según la definición de Howard Gardner, en el conjunto de capacidades que nos permiten formar un modelo preciso y verídico de nosotros mismos, así como utilizar dicho modelo para desenvolvernos de manera eficiente en la vida.
La metodología en el estilo ontozénico consiste en conocer primeramente las diversas técnicas que se han empleado por distintas culturas en este campo, principalmente las orientales, como el zen, yoga, ch`an, tantra y otras menos ortodoxas; y las no menos interesantes de raíz occidental como las escuelas aristotélica y platónica, así como las de Gourdieff, Ouspensky y Castaneda entre otras.
Estos conocimientos serán la base para un posterior desarrollo de un método personal de carácter ontológico acorde a la particularidad de cada individuo.
Quien escribe estas líneas tiene un arduo camino recorrido por más de treinta años en estas nuevas/antiguas fronteras del saber y está presto a enseñarles a quienes tienen inquietudes existenciales con un método decantado por la experiencia.

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